Se adormece un sentimiento crepuscular que apesta a pasado
mientras se refleja en el espejo la cara marchita de un joven asolado.
Encarna con furia un rol que siempre le ha parecido añejo,
"Aún tengo fuerzas", se dice, mientras maldice el lastre del anhelo.
Escucha con sigilo el devenir errático de otros pasos,
que se disuelven como el azucar entre la hojarasca otoñal de los calendarios
Y respira, pero no respira hondo, más bien jadea aliviado,
mientras amainan los recuerdos ventriculares que le han azotado
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